🐾 Perros Charrúas

Historia canina · 6 capítulos · 18 hitos · héroes reales

Miles de años juntos

Empezó con un lobo que no se fue. Sigue hoy, en el perro que duerme a los pies de tu cama. Girá los carteles y abrí el que te llame.

El pactoUn lobo que no se fue

Capítulo uno

El pacto

Nadie firmó nada. Pero hace unos 50.000 años dos especies empezaron a convenirse mutuamente, y ninguna de las dos volvió a ser la misma.

Imaginate una noche de hace quinientos siglos. Un grupo de cazadores volvió con un animal grande, comió lo que pudo y dejó el resto tirado a unos metros del fuego. Los huesos están ahí, con carne todavía pegada, y el olor viaja lejos.

Del pastizal salen unos lobos. Casi todos se quedan lejos: el fuego es peligroso, los humanos también. Pero hay uno que aguanta un poco más que el resto. Se acerca unos metros más. No ataca, no huye. Come, y se va.

Al otro día vuelve. Y al otro.

El que no huye, come. El que come, se queda. Y sus cachorros nacen un poco menos miedosos que los del vecino.

Eso es todo. No hubo nadie que agarrara un lobito y lo criara con la idea de fabricar un perro: la idea de «perro» no existía, no había con qué imaginarla. Lo que hubo fue una ventaja que se heredó. Generación tras generación, en los alrededores del campamento fue quedando una población de lobos que toleraban la cercanía humana —y esa tolerancia, sin que nadie la buscara, arrastró consigo un montón de otros cambios.

No los domesticamos: se domesticaron solos, y nosotros con ellos

Es la parte que más cuesta aceptar, porque nos deja en un lugar menos protagónico. La versión que aprendimos de chicos —el cavernícola que adopta al lobito— es una historia con un héroe humano. La evidencia apunta a algo distinto y más interesante: fueron ellos los que se acercaron, y la selección la hizo el ambiente, no nuestra voluntad.

Y no fue de un lado solo. Mientras ellos cambiaban para vivir cerca nuestro, nosotros cambiábamos para vivir cerca de ellos. Delegamos el olfato y el oído nocturno a un socio que los tenía mucho mejores, y con eso liberamos atención para otras cosas. Cazamos distinto. Dormimos distinto. Nos movimos por territorios que antes eran demasiado riesgosos.

Los dos salimos cambiados, y a los dos nos convino. Así se ve el trato, item por item:

Ver el trato desde
Qué ganó el humano
Qué ganó el perro
Dormir de verdad. Un oído que trabaja de noche significa que el campamento entero puede descansar en serio, no a medias.
Comida sin cazarla. Los restos de un campamento humano son la fuente de calorías más segura del paisaje.
Cacerías más cortas y menos heridos. Rastrear y acorralar es la parte cara de cazar. Ellos hacían las dos mejor.
Fuego, refugio, cachorros que sobreviven. El invierno deja de matar tantas camadas.
Calor corporal. En inglés todavía se dice three dog night: la noche tan fría que hacían falta tres perros encima para aguantarla.
Protección de depredadores más grandes. Cerca del fuego no entra el felino que sí entraría al pastizal.
Guardia de las crías. Liberó manos y tiempo de los adultos, que es el recurso más escaso de un grupo chico.
Un nicho vacío. Ningún otro carnívoro estaba dispuesto a pagar el precio de la cercanía. Se lo quedaron entero.
Transporte de carga. Miles de años antes del caballo, el perro fue el primer animal que llevó peso por nosotros.
Un aparato digestivo nuevo. Cuando empezamos a cultivar, ellos desarrollaron más copias del gen de la amilasa: nuestro pan los cambió por dentro.

La primera prueba de cariño tiene 14.000 años

Durante mucho tiempo se discutió dónde termina «animal útil» y empieza «compañero». Hay una tumba que da la respuesta más clara que tenemos.

En Bonn-Oberkassel, Alemania, apareció un enterramiento de hace unos 14.200 años: dos personas y, con ellas, un perro joven. Los dientes del animal cuentan lo importante. Estuvo gravemente enfermo —los signos son compatibles con moquillo— y sobrevivió a la enfermedad varias semanas. Con esa infección, un perro no sobrevive solo: necesita que alguien lo abrigue, lo hidrate y lo alimente sin recibir absolutamente nada a cambio, porque un cachorro enfermo no caza, no cuida y no avisa.

Alguien lo hizo igual. Y después lo enterró con su gente.

El detalle que lo cambia todo Ese perro no era una herramienta que se cuidaba para que rindiera. Era alguien. La relación que hoy tenés con el perro que se te tira a los pies mientras leés esto es, en lo esencial, la misma que había en ese campamento hace 14.000 años.

Lo que el trato nos dejó en el cuerpo

Cincuenta mil años no pasan gratis. Al perro le cambiaron el cráneo, la mandíbula y la cola, pero el cambio más raro está en la cara: desarrolló un músculo que el lobo no tiene, capaz de levantar la ceja interna. Ese gesto —el de «ojitos» que ponen cuando estás comiendo— nos activa el mismo circuito de cuidado que la cara de un bebé humano. Es un músculo que evolucionó, literalmente, para hablar con nosotros.

Del otro lado, cuando un perro y su humano se miran a los ojos, a los dos les sube la oxitocina, la misma hormona que sostiene el vínculo entre una madre y su hijo. No es una metáfora ni una manera de hablar: es el mismo mecanismo químico, funcionando entre dos especies distintas. No pasa con ningún otro animal.

Empezó por unos huesos tirados al costado de una fogata. Terminó en esto.

Capítulo dos

La línea de tiempo

Dieciocho momentos entre aquella fogata y hoy. Los rojos son los que cambiaron la relación para siempre.

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50.000 a.C.

Las primeras rondas

Lobos que se acercan a los restos de las cacerías y no huyen. Nadie decide nada: la ventaja se hereda sola.

33.000 a.C.

Los cráneos de Altái y Goyet

En Siberia y en Bélgica aparecen cráneos que ya no son de lobo pero todavía no son de perro. La transición, en piedra.

14.200 a.C.

Bonn-Oberkassel

Un perro joven enterrado junto a dos personas. Estuvo enfermo semanas y alguien lo cuidó sin recibir nada a cambio.

10.000 a.C.

Las huellas de Chauvet

En la cueva francesa hay huellas de un niño y de un cánido, juntas, del mismo momento. Caminaban al lado.

9.000 a.C.

El trineo

En Zhojov, en el Ártico siberiano, aparecen los primeros arneses y perros criados por tamaño para tirar. El primer transporte del mundo.

7.000 a.C.

Los perros llegan a América

No cruzaron solos: entraron con las personas por Beringia. Desde el primer día, la migración humana en América incluyó perros.

4.000 a.C.

Anubis

Egipto los convierte en dioses. El perro pasa de socio de trabajo a guía de los muertos, y momificarlos es una industria.

400 a.C.

Los molosos de guerra

Griegos y después romanos los mandan al combate con collares de púas. Es la peor página de los 50.000 años, y la escribimos nosotros.

79 d.C.

Cave canem

Pompeya queda congelada bajo la ceniza con un perro en mosaico en la entrada de una casa y la leyenda «cuidado con el perro».

1570

El primer intento de clasificarlos

El médico inglés John Caius escribe el primer tratado que ordena a los perros por trabajo, no por aspecto. Sabuesos, pastores, «perros de regazo».

1700s

La matanza de cimarrones

En la Banda Oriental los perros asilvestrados se vuelven plaga para el ganado y se organizan matanzas masivas. Los que zafan se refugian en las sierras del este.

1873

Se inventa la raza

Nace el Kennel Club inglés y con él el libro genealógico. Por primera vez el perro se define por su árbol y su forma, no por lo que sabe hacer. Casi todas las razas actuales tienen menos de 150 años.

1916

El primer perro guía

En Oldenburg, Alemania, se entrena al primer perro para guiar a un soldado que quedó ciego en la guerra. De ahí sale toda la asistencia moderna.

1925

La carrera del suero a Nome

Difteria en un pueblo aislado de Alaska. Veinte trineos se pasan el antídoto en relevos, 1.085 km en cinco días y medio, a 50 grados bajo cero.

1957

Laika

Una perra callejera de Moscú es el primer ser vivo en orbitar la Tierra. Sabían que no volvía. Es la ficha más incómoda del capítulo cuatro, y va igual.

1989

El primer cáncer detectado por olfato

The Lancet publica el caso de una mujer que va al médico porque su perro no le soltaba un lunar. Era un melanoma. Abre una línea de investigación entera.

2011

El Cimarrón, Patrimonio Nacional

Uruguay declara patrimonio a la única raza nacida en su territorio, cinco años después de que la FCI la reconociera.

Hoy

Avisan antes que la máquina

Perros que alertan una crisis epiléptica o una hipoglucemia minutos antes de que ocurra. Detectan algo que todavía no sabemos medir.

Tocá cualquier hito de la línea para leer la historia completa.

Los 50.000 años, a escala

Cada franja es proporcional al tiempo real. Pasá el mouse por encima.

49.850 añosSocio de trabajo 150 añosPerro moderno
Esa rayita roja de la derecha es todo lo que llevamos criando perros por su aspecto. El 99,7 % de la historia compartida, el perro tuvo un trabajo.

Mirada de corrido, la línea cuenta algo que no se ve capítulo por capítulo: durante 49.850 años el perro fue un socio de trabajo, y recién en los últimos 150 lo convertimos en otra cosa. La idea de «raza pura», el perro que se elige por cómo se ve, el perro que no tiene ninguna tarea: todo eso es de anteayer.

Y en el mismo siglo en que dejamos de necesitarlos para cazar, aparecieron los trabajos que ninguna máquina puede hacer todavía. Guiar a una persona ciega. Encontrar a alguien bajo diez metros de escombro. Avisar que en veinte minutos vas a tener una convulsión.

Capítulo tres

Los oficios

Todo lo que hacen por nosotros sale de tres capacidades: una nariz absurda, la disposición a trabajar en equipo y la costumbre de mirarnos la cara.

Un perro tiene entre 200 y 300 millones de receptores olfativos; nosotros, unos 5 millones. Pero el número engaña, porque lo decisivo no está en la nariz sino en el cerebro: la parte dedicada a procesar olores es, en proporción, unas cuarenta veces más grande que la nuestra.

Traducido: donde vos entrás a una casa y sentís «olor a guiso», el perro siente la cebolla, la carne, el laurel, el trapo de la mesada, quién estuvo en la cocina hace dos horas y por qué puerta se fue. No huele mejor. Huele otra cosa.

Sobre eso se construyeron todos los oficios.

Receptores olfativos, en millones

La barra del humano no es un error de dibujo.

Humano5
Gato80
Perro220
Sabueso300
Valores aproximados y variables según la raza y el estudio; el sabueso es el extremo conocido. Lo que importa acá no es el número exacto sino el orden de magnitud: un perro tiene entre 40 y 60 veces más receptores que nosotros.

Desde el 7.000 a.C.

Pastoreo

El más antiguo después de la caza. El perro pastor no ataca a la oveja: le aplica una versión frenada de la conducta de acecho del lobo, hasta la mirada fija. Criamos durante siglos a los que sabían llegar hasta ahí y frenar.

Un buen perro reemplaza a tres personas en un campo abierto

Desde el 400 a.C.

Guerra

Primero como arma, con collares de púas. Después como mensajero, centinela y detector: en la Primera Guerra avisaban del gas antes que las alarmas, y en la Segunda encontraban a los heridos en tierra de nadie.

Es la parte de la historia donde el que no se portó bien fuimos nosotros

Desde 1700

Rescate

Empezó en el hospicio del Gran San Bernardo, buscando gente bajo la nieve. Hoy un binomio entrenado rastrilla en veinte minutos una superficie que a un equipo humano le lleva un día entero, y encuentra vivos donde nosotros no vemos nada.

Trabajan de a 20 o 30 minutos: la búsqueda los agota mentalmente

Desde 1916

Asistencia

Guía para personas ciegas, alerta para personas sordas, apoyo de movilidad, perros de servicio psiquiátrico. Es el oficio donde más se les pide: no solo obedecer, sino desobedecer cuando la orden es peligrosa —un perro guía se planta si le mandás cruzar con un auto viniendo.

Se llama «desobediencia inteligente» y es lo más difícil de entrenar

Desde 1989

Detección médica

Cánceres, crisis epilépticas, bajones de azúcar, infecciones. El perro detecta compuestos orgánicos volátiles en aliento, sudor u orina, en concentraciones que los aparatos recién ahora empiezan a medir.

La línea de investigación arrancó por un lunar que un perro no soltaba

Desde 1976

Terapia

Hospitales, residencias, escuelas, juzgados. No hacen ninguna tarea técnica: bajan la presión arterial, el pulso y el cortisol de la persona que los acaricia, y aflojan a alguien que no puede hablar de lo que le pasó.

En varios países acompañan a chicos que declaran en juicios
Lo que ninguno de estos oficios explica Ninguna de estas capacidades justifica que un perro te espere nueve años en una estación. El trabajo explica por qué los criamos; no explica por qué nos quieren. Eso es el capítulo seis.

Capítulo cuatro

Héroes

Historias reales, de todo el mundo, con fuente al pie. Cuando algo es tradición y no documento, la ficha lo dice.

3Historias
3Continentes
222Años entre la primera y la última
93Personas encontradas entre Barry y Frida
Pintura: un San Bernardo cava en la nieve junto a un viajero; atrás, un monje con un farol y el hospicio.

Rescate en la nieve

Barry

Paso del Gran San Bernardo, Alpes suizos · 1800–1814

El paso del Gran San Bernardo une Suiza con Italia a 2.469 metros de altura, y durante siglos fue la única vía practicable de la zona. También fue una trampa: tormentas que borran el camino en minutos y aludes que enterraban peregrinos enteros. Los monjes del hospicio criaban perros grandes para abrir huella en la nieve profunda, y descubrieron que además encontraban gente sepultada.

Barry fue el mejor de todos. Se le atribuyen alrededor de cuarenta rescates en doce años de trabajo. Salía con los monjes o solo, ubicaba a la persona bajo la nieve, cavaba, se echaba encima para darle calor y ladraba hasta que llegaba ayuda. Cuando murió, en 1814, el hospicio hizo algo inusual: lo mandó embalsamar. Todavía está expuesto en el Museo de Historia Natural de Berna.

Desde entonces, en ese hospicio siempre hay un perro llamado Barry. Es una tradición que no se interrumpió en dos siglos.

El barrilito de coñac colgado del cuello nunca existió: lo inventó un pintor inglés de 17 años en 1820 y quedó pegado para siempre. El resto de la historia sí es real.

Fuentes: Museo de Historia Natural de Berna (colección Barry) · Fundación Barry du Grand-Saint-Bernard, Martigny.

Pintura: un Akita color crema espera sentado frente a una estación de tren de Tokio al atardecer.

Lealtad

Hachikō

Estación de Shibuya, Tokio · 1923–1935

Hidesaburō Ueno era profesor de la Universidad Imperial de Tokio y todas las mañanas tomaba el tren en Shibuya. Su Akita, Hachikō, lo acompañaba hasta la estación y volvía a buscarlo a la tarde, a la hora en que llegaba el tren.

En mayo de 1925 Ueno murió de una hemorragia cerebral en la universidad. No volvió a Shibuya.

Hachikō siguió yendo. A la misma hora, a la misma puerta, todos los días, durante nueve años y nueve meses, hasta su propia muerte en marzo de 1935. Al principio los empleados de la estación lo corrían; después, cuando un ex alumno de Ueno publicó la historia en un diario de Tokio, empezaron a alimentarlo y la gente iba a verlo. Le levantaron una estatua en 1934 y él estuvo presente en la inauguración.

La estatua sigue ahí. Es el punto de encuentro más usado de Tokio: millones de personas por año dicen «nos vemos en Hachikō» sin pensar demasiado en por qué.

Lo que conmueve no es que esperara. Es que esperó sin ninguna señal de que valiera la pena hacerlo.

Fuentes: Museo Nacional de Ciencias de Japón (Hachikō está conservado allí) · Universidad de Tokio, monumento Ueno–Hachikō (2015).

Pintura: una labradora rescatista con antiparras y botas olfatea entre los escombros junto a un marino.

Catástrofes

Frida

Marina de México · 2009–2022

Frida era una labrador de la Secretaría de Marina mexicana, entrenada para buscar personas bajo escombros. Trabajó en el terremoto de Haití, en el de Ecuador y en el de Guatemala, siempre con botas para no cortarse las patas y antiparras contra el polvo.

El 19 de septiembre de 2017 un sismo de magnitud 7,1 tiró abajo decenas de edificios en Ciudad de México. Frida entró a los derrumbes con su binomio, el teniente Israel Arauz, y las fotos de esos días —la perra con las antiparras puestas, saliendo del polvo— dieron la vuelta al mundo. En un país que estaba mirando cómo se caían sus escuelas, se transformó en la imagen de que alguien seguía buscando.

En toda su carrera localizó 53 personas: 12 con vida. Se retiró con honores en 2019 y murió en noviembre de 2022.

El dato que se cuenta menos: por cada persona que Frida encontró viva, hubo cuarenta y una que no. Ella entró igual, todas las veces.

Fuentes: Secretaría de Marina de México (comunicados de retiro, 2019, y de fallecimiento, 2022).

Sugerí una historia

¿Conocés un perro que salvó a alguien, esperó a alguien o cambió un barrio entero? Contanos y la investigamos. Si la podemos verificar, entra al capítulo con tu nombre.

Capítulo cinco

Uruguay

Un país chico con una raza propia, un perro en la leyenda de su prócer y una tradición de trabajo que casi nadie cuenta.

El cimarrón

«Cimarrón» quiere decir el que se volvió salvaje. Es exactamente lo que pasó: los colonizadores trajeron perros, algunos quedaron sueltos en la campaña, y ahí sobrevivieron solos durante generaciones, cruzándose entre ellos sin que nadie interviniera. No los diseñó nadie. Los diseñó el campo uruguayo.

Salió un perro mediano, macizo, de pelo corto y atigrado, silencioso y con una desconfianza natural hacia lo que no conoce. Cazaba en grupo. Y ahí empezó el problema: cuando el ganado se volvió el negocio del país, las jaurías de cimarrones pasaron a ser una plaga, y en el siglo XVIII se organizaron matanzas masivas. Hubo épocas en que se pagaba por cada par de orejas.

Los que sobrevivieron se metieron en las sierras del este, en la zona de Maldonado y Lavalleja, donde el terreno es difícil y nadie fue a buscarlos. Ahí aguantaron dos siglos.

La recuperación es reciente y es obra de criadores uruguayos que fueron a buscar ejemplares al monte a mediados del siglo XX. La Federación Cinológica Internacional lo reconoció como raza en 2006. En 2011 Uruguay lo declaró Patrimonio Nacional. Hoy es la mascota oficial del Ejército y desfila cada 18 de julio.

La vuelta completa El mismo perro por el que se pagaba recompensa para matarlo es hoy patrimonio del país y marcha en el desfile nacional. Le llevó doscientos años.

Charrúa

La historia dice que Artigas tuvo un perro. Que se llamaba Charrúa, que dormía afuera como los soldados, que era de muy poco ladrar y que lo acompañó hasta el final —incluido el exilio en Paraguay, cuando ya casi no le quedaba nadie al lado. Se le atribuye a Artigas la frase: «el día que me quede sin soldados, pelearé con un ejército de perros cimarrones».

De ahí sale el nombre de este proyecto.

Hay que decirlo con todas las letras: esto es tradición oral, no documento de archivo. No hay forma de probar cuánto de la historia es cierto y cuánto se fue agrandando con los años, y esta sección no va a fingir lo contrario. Lo que sí es un hecho comprobable es que la historia se sigue contando doscientos años después. Eso también dice algo.

Lo interesante de la leyenda no es si el perro existió. Es qué eligió contar un país sobre sí mismo. Entre todas las cosas que se pueden decir del hombre que fundó la nacionalidad oriental, la tradición popular guardó ésta: que cuando se quedó sin ejército, sin país y sin nadie, todavía tenía un perro al lado.

Los que trabajan hoy

La parte menos contada es la actual. En Uruguay hay perros trabajando todos los días: binomios de búsqueda y rescate que salen ante derrumbes e inundaciones, unidades de detección en frontera y aeropuerto, perros de asistencia acompañando a personas ciegas por la rambla, y perros de terapia entrando a hospitales y residenciales.

De todo el capítulo, ésta es la parte donde menos hay escrito y donde más nos gustaría que aparezcan nombres propios.

Te toca a vos Si trabajás con un perro de rescate, de asistencia o de terapia en Uruguay, o conocés uno, mandanos su historia por el formulario de sugerencias. Esta parte la queremos escribir con nombre y apellido del binomio.

Capítulo seis

Lo que sabemos hoy

La ciencia tardó en tomarse en serio al perro: era demasiado familiar para parecer interesante. En los últimos treinta años se puso al día, y lo que encontró es más raro de lo que esperaba.

Durante casi todo el siglo XX el animal de laboratorio prestigioso fue el chimpancé, por ser nuestro pariente más cercano. El perro era el animal de la casa: nadie estudia lo que tiene debajo de la mesa. Cuando finalmente lo estudiaron, apareció algo incómodo para esa jerarquía: en varias tareas de comunicación con humanos, el perro le gana al chimpancé. Señalás algo con el dedo y el perro mira lo que señalás. El chimpancé mira el dedo.

No es que el perro sea más inteligente. Es que está especializado en nosotros. Pasamos 50.000 años seleccionando, sin darnos cuenta, a los que nos entendían mejor.

1998

Siguen el dedo

Ni los lobos criados por humanos ni los chimpancés interpretan bien un gesto de señalar. Los perros sí, y los cachorros lo hacen antes de tener ninguna experiencia con personas. No se aprende: viene puesto.

2004

Aprenden palabras como un chico

Rico, un border collie alemán, reconocía más de 200 objetos por su nombre. Y hacía algo más fino: ante un objeto nuevo entre conocidos, deducía que el nombre nuevo era el del objeto nuevo. Es el mismo mecanismo con el que un chico de tres años aprende a hablar.

2015

El circuito de la oxitocina

Cuando un perro y su humano se miran a los ojos, a los dos les sube la oxitocina —la hormona del vínculo madre-hijo— y esa subida hace que se miren más. Es un bucle químico compartido entre dos especies distintas. Con lobos criados a mano, no pasa.

2016

Procesan qué decís y cómo lo decís

Con perros despiertos y sin sedar dentro de un resonador, se vio que el hemisferio izquierdo procesa el significado de la palabra y el derecho la entonación. Solo cuando las dos cosas coinciden —una palabra buena dicha con tono bueno— se enciende el centro de recompensa. Elogiarlos con voz de reto no funciona, y ahora sabemos por qué.

2019

El músculo que evolucionó para hablarnos

Los perros tienen un músculo facial que levanta la ceja interna y que el lobo prácticamente no tiene. Ese gesto nos activa el mismo circuito de cuidado que la cara de un bebé, y los perros que más lo usan son adoptados más rápido en los refugios. Es un músculo que apareció por nuestra culpa, para pedirnos cosas.

2020

Sienten el campo magnético

Perros con GPS en bosques, sin pistas visuales, tienden a orientarse en el eje norte-sur antes de arrancar el camino de vuelta. La hipótesis es que usan el campo magnético terrestre como brújula. Todavía se discute, y es de lo más raro que se les encontró.

¿Qué edad tiene tu perro, en serio?

El «un año son siete» es falso. El primer año vale muchísimo más y después el ritmo depende del tamaño: los perros grandes envejecen más rápido.

31años humanos

El primer año de un perro equivale a unos 15 humanos y el segundo a 9 más. Recién a partir del tercero el ritmo se estabiliza, y ahí sí pesa el tamaño.

Lo que todavía no sabemos

Cómo detectan una crisis epiléptica veinte minutos antes de que ocurra. Se sospecha que hay un compuesto en el sudor que cambia antes de la convulsión, pero no lo tenemos identificado: el perro detecta algo que todavía no aprendimos a medir.

Tampoco sabemos bien qué pasa en la cabeza de un perro que espera a alguien que no vuelve. Hachikō no tenía forma de saber que Ueno había muerto, pero tampoco tenía forma de saber que iba a volver. Lo que hizo durante nueve años no encaja del todo en ninguna explicación que tengamos.

Cincuenta mil años después de aquella primera noche, todavía no terminamos de entender con quién nos sentamos a comer.

¿Cuánto te acordás?

Seis afirmaciones. Todas las respuestas están en los seis capítulos.

Un año de perro equivale a siete años humanos.

Barry, el San Bernardo, llevaba un barrilito de coñac colgado del cuello.

Los perros entienden el gesto de señalar mejor que los chimpancés.

El cerebro del perro procesa el significado de la palabra y el tono con hemisferios distintos.

El Cimarrón Uruguayo desciende de perros que trajeron los colonizadores y quedaron sueltos.

Si tiene la nariz caliente, el perro está enfermo.

0 / 6Empezá por la primera.

Lo que falta

17

Fichas de héroes

Togo y Balto, Sergeant Stubby, Smoky, Judy, Trakr, Bretagne, Greyfriars Bobby, Bobbie, Endal, Laika, los perros de detección médica y las fichas uruguayas del capítulo 5.

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Ilustraciones definitivas

Las de este prototipo son de trabajo. Van a reemplazarse por las de la línea del globo y la intro animada.

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